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El arte de crear un bonsái.

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El arte de crear un bonsái.

Mensaje  Mega.jardin el Dom Ene 19, 2014 5:23 pm

El primero y más importante consejo que doy a las personas que quieren hacer bonsai es que deben tomarse el trabajo de aprender sobre los árboles que quieran poseer, y sobre la botánica en general. Un buen libro de árboles, no necesariamente bonsai, te informará sobre el clima, asoleamiento, alimento, tipo de terreno, sensibilidad a plagas, y demás. Te permitirá recurrir a él sin tener que hacer memoria y recuerda que esta información es importante para el árbol, sea o no bonsai. El cuidado que debes tomar es interpretar correctamente las fechas; puede ocurrir que el libro hable de meses; fíjate si es una edición realizada en el hemisferio norte o el sur. Para mí es más sencillo leer estaciones, por ejemplo, último mes del invierno, el mes del medio del verano, y así evito equivocaciones, muchas veces mortales para un bonsai.

Y el segundo consejo es que la paciencia no la tienes tú, sino el árbol, que es el que hace todo el trabajo: crecer y madurar en un medio artificial regido por un ser humano, que como tal, comete equivocaciones y sufre ansiedades.





Para crear un bonsái a partir de una semilla, se debe comenzar por elegir la especie que se desea cultivar y por plantar ésta en una maceta. Cuando la planta comience a crecer se inicia su formación de acuerdo con el estilo que se quiera conseguir. Hay determinadas especies que resulta más adecuado propagar mediante este sistema para garantizar su supervivencia. Éste es el caso de pinos, abetos o robles.
El Misho es una técnica apropiada para el perfeccionista, puesto que la planta comienza a modelarse desde el principio, evitándose así cualquier fallo. Es imprescindible saber con seguridad que las semillas que se van a usar son de la última cosecha. En caso contrario, pueden haber perdido su capacidad de germinar.



Antes de introducir la semilla de una conífera en la tierra, conviene dejarla en remojo 24 horas. Las que queden suspendidas en la superficie del agua, se desecharán. Hay otras que deben ser rotas o rayadas a causa de su dureza. Este es el caso de los granos de acacia, robina, cytisius o laburnum. También hay algunas que requieren de la estratificación, es decir, exposición a bajas temperaturas. Para ello, se tienen que poner en agua fría de 12 a 14 horas, se escurren, se mezclan con serrín y turba y se guardan a temperaturas entre los 2 y los 7º durante unos dos meses.
Una vez se hallan preparado las semillas, se procederá con la siembra de las mismas. No hay que olvidar que la capa inferior depositada sobre la maceta, ha de ser de gravilla o tierra volcánica para evitar errores en el drenaje. La temperatura ideal de germinación oscila entre los 20 y los 25º. Cuando las plantas hayan crecido, se trasplantan a tiestos independientes. Tras esto, permanecerán durante dos años en macetas normales. El tercer año, ya es posible plantarlas en recipientes especiales para bonsáis y comenzar su formación.



Aunque no es un método de reproducción estrictamente hablando, una de las maneras más simples de conseguir arbolitos es en un vivero.

Y estoy hablando de un vivero de árboles, ya que los otros (los que venden plantas para jardín) los tienen muy crecidos para hacerlos bonsai.

En esos viveros puedes elegir arbolitos de más de 4 ramas principales y no menores de 30 centímetros, de modo que cuando tengan sus hojas no sean demasiado grandes.

Evidentemente los debes comprar antes de brotar.

Otro modo sencillo de reproducir un arbolito es por gajo (esqueje). Ello implica siempre tener un árbol adulto a la mano, por lo cual hay cierta garantía de que el medio es apto para su supervivencia.

Un medio un poquito más complicado pero sumamente efectivo es el acodo aéreo. Es producirle una especie de "maceta" con tierra en una rama para que produzca raíces y retirarlo del árbol madre después de ello.

Paso Nº 1: Se seleccionará una parte del árbol que tenga buena forma inicial como bonsai.

Paso Nº 2: Se pelará el tronco en la zona afectada para dejarlo sin corteza.

Paso Nº 3: Esta operación se realizará apenas aparezcan los botones en la parte seleccionada.

Paso Nº 4: Se empleará polvo enraizante para estimular la producción de raíces y se envolverá el pan de tierra con plástico transparente para poder ver desde afuera cuando ya ha largado las raíces.

Recomendación: Si en en término de 40 días no pasó nada se debe retirar el acodo, lavar bien el sector de tronco lastimado y colocar algún protector contra hongos y bacterias.

Hay otros métodos de reproducción, pero dependen de la especie. Por ejemplo si se quiere un ikadabuki o balsa, que es una serie de arbolitos nacidos de un único tronco caído, se podrá lograr en algunas especies solamente.





PRELIMINAR



Hasta aquí la idea fue hablar de mantenerlo vivo.
Ahora nos vamos a ocupar de que sea por mucho tiempo, y más adelante nos ocuparemos de que sea lindo.
Si mantenemos al árbol tan solo con los cuidados básicos iniciales con el tiempo la copa sería desmesurada y desprolíja con relación al tronco, a la maceta y al volumen de raíces contenidas en ella. Y por otro lado como las raíces también crecen a pesar de que no se ven a simple vista, llegan a ahogarse dentro del cuenco (maceta) por falta de espacio y el árbol se debilita y muere.
Pero vayamos por partes.



Lo vital es que el árbol se mantenga vivo (y saludable); por eso debemos rejuvenecerle las raí:ces periodicamente, al igual que el substrato que las alberga. De eso se trata la poda de raíces y el transplante; que deberá hacerse en árboles jóvenes (hasta 5 años) todos los años en los primeros días de primavera o mejor aú:n en los últimos días de invierno (aquí en Buenos Aires - Argentina), y en árboles mas viejos cada dos o tres años, llegando a cinco en árboles adultos (mas de 20 o 25 años).
Como primera medida es importante que se comprenda que la diferencia fundamental de un árbol del bosque, el campo o la calle con un Pre-bonsái o un Bonsái es la distribución radicular. Cómo se entiende esto?. Pues bien, es algo así: los árboles en la naturaleza tienen una raíz principal (pivotante) que es muy larga y profunda de la cual se van abriendo nuevas raíces. Podríamos decir que tienen el formato de una punta de flecha invertida. pero además es importante saber que las raíces absorven agua con las pequeñas raicillas que se encuentran en los extremos de esas largas raíces.
El agua absorvida por los árboles en la naturaleza recorre muchas veces decenas de metros hasta llegar a las hojas! Un árbol con este tipo de raíz sería imposible de "meter" en un cuenco de poca profundidad como los que se usan en Bonsái.
Para transformar un árbol en Bonsái (entre tantas cosas) se deben recortar las raíces que se van haciendo largas inutilmente y generar de esta manera nuevas raíces que nacerán más cerca del tronco dando origen a un formato semicircular y compacto, que permita su ingreso en un cuenco pequeño.
Cuando podamos las raíces debemos compensar esa poda con una poda aérea. O sea. Al podar las raíces de nuestro árbol, este tiene menos posibilidades por unos días (hasta que crezcan nuevas raicillas) de tomar la cantidad de agua que necesitaría para alimentarse; por eso cuando podamos las raíces en árboles perennes (que no quedan calvos en invierno) como son las coníferas por ejemplo debemos hacer una poda en el follaje para que el árbol tenga menos superficies de transpiración y no se deshidrate y muera.
En árboles cadúcos esta poda aérea no es imprescindible porque cuando transplantamos el árbol y le podamos las raíces aún no ha rebrotado. Detalles adicionales de la poda aérea encontrará más adelante.



Substrato Veamos ahora como se podan las raíces y se renueva el substrato.
Para renovarlo ante todo debemos saber "que es".
El substrato en Bonsái es lo que sería la tierra en una planta común; o sea lo que alberga las raíces.
De que se compone es muy variable, y cada aficionado tiene su propia receta, pero uno simple sería el compuesto por: el 70% de compost de buena calidad y el 30% de arena gruesa de río (granos de 3mm. Esta mezcla funcionara muy bien en árboles de hojas cadúcas y en algunos frutales. Para aquellos que gusten de un suelo más ácido (azaléas, cítricos, camélias, etc), funcionara bien uno que contenga: 25% de turba humedecida, 25% de pinócha (no muy seca), 25% de compost y 25% de arena gruesa. Para coníferas que gustan de un suelo que drene rápido: 50 o 55% de compost y 45 o 50% de arena gruesa.
Todas estas "formulas" son absolutamente relativas y pueden variar sin mayores riesgos de acuerdo a los materiales que tengamos a mano. Como ejemplo les puedo decir que se pueden utilizar como componentes para la confección de un buen substrato algo de tierra negra común, perlita (piedra pómez molida expandida), humus de lombriz, alguna cucharada de carbonilla, alguna de ceniza de madera o de hueso molido, virutas de madera, corteza molida de pino o eucaliptus, vermiculíta, estiércol seco y estacionado, piedritas de fondo de peceras, étc.

Poda de raíces Si dejamos de regar un par de días antes del transplante nos va a resultar más fácil realizarlo. Trate de hacerlo en un día nublado y fresco. Con un cuchillo sin filo tratamos de despegar las raíces del borde del cuenco insertándolo hasta el fondo y dando toda la vuelta a su perímetro.
Tomamos el árbol con mucho cuidado por el tronco, lo levantamos y lo dejamos por unos minutos en un lugar sombreado y fresco mientras lavamos y secamos el cuenco del cuál lo sacamos. Le ponemos a este una nueva y pequeña malla de mosquitero para tapar los agüjeros de drenaje (lo ideal es anclarla con alambre de aluminio) y le ponemos una capa de substrato nuevo en el fondo formando un pequeño montículo donde luego vamos a apoyar el árbol.
Volviendo a este, puede que nos encontremos con mucho substrato visible en el perímetro y pocas raíces expuestas; de ser así lo mejor que podemos hacer es no tocar nada y volver a introducir el árbol en el cuenco, una vez hecho esto presionar en los bordes para compensar el despegue que hicimos con el cuchillo. Esto viene a cuento de que si no lo presionamos el agua de los próximos riegos se va a escurrir por el borde y no va a mojar todo el substrato.



La otra posibilidad es encontrarnos con muchas raíces que enmarañadas circulen por todo el borde (y el fondo) y no dejen prácticamente nada de substrato visible. Aquí es donde es menester meter manos a la obra con el riesgo que nos echen de casa al ver la mugre que estamos haciendo. Por eso además, recomiendo la mayor prolijidad posible.




Apoye el capellón en una superficie lisa y con un palito con punta (una birome vieja puede servir) vaya desenredando las raíces perimetrales insertando el palillo cerca del borde y palanqueando hacia afuera. Una vez recorrido todo el perímetro repita la operación acercándose un poco más hacia el tronco (1cm). Luego desenrede las raíces del fondo del capellón. La idea de esto es ir peinando las raíces para liberarlas de substrato y poder ver de esta forma si hay raíces suficientes cercanas al tronco. Cuando tenemos ya libre de substrato un capellón que visualmente pueda ingresar en el cuenco dejando un par de centímetros libres en todo el perímetro podemos con una tijera bien afilada cortar las raíces sobrantes del terrón, tratando de que los cortes en las raíces más gruesas queden hacia abajo.





Luego de este corte podemos ir adentrándonos más en nuestro escarbe hacia las proximidades del tronco (1 ó 2 cm nada más y siempre con mucho cuidado), dejando mas raíces visibles, que en este caso no cortaremos y dejando mas lugar libre para introducir nuevo substrato. Luego apoyamos el árbol dentro del cuenco y lo vamos llenando ayudándonos con un palillo para ir introduciéndolo entre las raíces y presionando levemente para no dejar demasiado aire. Una vez completado el rellenado del cuenco lo regamos con agua que contenga hormona antishock, pulverizamos sus hojas(de tenerlas) y lo ponemos en un lugar luminoso pero donde no reciba los rayos directos del sol durante 10 o 15 días. Después lo iremos acostumbrando al sol y lo iremos llevando de a poco a su lugar definitivo. Tampoco lo fertilizaremos por 30 días.

VEA UNA SECUENCIA FOTOGRAFICA COMO EJEMPLO DE TRANSPLANTE PASO A PASO



Paso 1
Arbol a transplantar
Paso 2
Raíces visibles, muy compactadas
Paso 3
Escarbe de raíces
Paso 4
Peinado
Paso 5
Corte de raíces
Paso 6
Raíces reducidas
Paso 7
Gancho de sujeción
Paso 8
Colocación de malla
Paso 9
Asentado del árbol
Paso 10
Transplante concluído
Paso 11
Poda compensatoria y estética de follaje
Paso 12
Aplicación de musgo en pancitos.
Final
Poda final - Trabajo casi completado.
Por medio del alambrado posterior se bajaran las ramas que asi lo requieran.

Por medio de la poda de ramas y el pinzado de brotes es como conseguimos que nuestro arbolito se vaya educando y vaya logrando la forma por nosotros pretendida (que nunca será otra, que la forma de un árbol de la especie en cuestión).
Cuando podamos una rama la energía del árbol se concentra en la yema de crecimiento anterior a la que fue podada, allí es donde brota nuevamente dejando un entrenudo más corto. Si esto lo hacemos con regularidad tendremos ramas colmadas de yemas de crecimiento latentes que año tras año van a ir brotando dando origen a nuevas ramas más cercanas al tronco.



En los latifoliados se dejan crecer los brotes hasta que tengan cuatro o cinco pares de hojas y se cortan dejando un par solamente; pero si queremos que la rama engorde la dejaremos crecer libremente hasta que tenga el grosor pretendido antes de podarla.
Cuando podamos hay que prestarle atención a la dirección hacia la cual apunta el peciolo de la última hoja porque como la yema que se activará será la ubicada en su axila, en esa dirección se desarrollará el nuevo crecimiento.
Los brotes tiernos se pueden pellizcar con los dedos índice y pulgar sin necesidad de utilizar herramienta alguna.



En las coníferas de hojas escamosas (thuyas, cipreses, chamaesiparis, etc) y las de pequeñas hojas aciculares (juníperus squamata, etc)se pellizcan los brotes cuando tengan un par de centímetros y se los reduce a la mitad de su tamaño. Ahora, si una rama es muy larga, y decidimos podarla, en el caso de las coníferas nunca esta poda se podrá hacer mas allá de una zona viva (con hojas y brotes)porque sino la rama se secaría.
En el caso de los pinos que tienen brotes en forma de "velas", y como estas brotan de a 4 o 5 en un mismo sitio, se elíje el par que nos interesa como futuras ramas y las demás se cortan desde la base. Por otra parte el par que decidimos dejar las cortamos con una tijera afilada al largo deseado o las dejamos crecer hasta que lo alcance.



Como ejemplos de metodologías acerca de la formación a través de la poda cito dos, cuyos cróquis he robados, sinceramente de no recuerdo donde y una secuencia fotográfica personal.



ALAMBRADO



A veces (muchas) con la poda y el pinzado no se llega a lograr el objetivo deseado en cuanto a la forma de nuestro querido árbol, por eso se recurre al doblado artificial de ramas o tronco para conseguirlo. No se espante; el árbol no lo sufre tanto, como nosotros mismos o nuestros amigos pueden creer; y aunque pensemos que los árboles no tienen grandes posibilidades de quejarse, de alguna manera no es asi. Ellos se quejan cuando no brotan o cuando no fructifican por ejemplo. Por eso digo que no lo sufren tanto; porque cuando alambramos un árbol momentáneamente puede detener su crecimiento hasta que se acomoda a su nueva situación, pero esto es absolutamente momentáneo si el alambrado esta correctamente realizado.
Sepamos que una rama por ejemplo va a ser más flexible si la alambramos antes de regar, y va a poder ser mejor manipulada si la masajeamos. Esto es flexionarla repetidamente hacia un lado y otro varias veces, por supuesto sin llegar a dañarla.
No siempre, para cambiar la forma de una o más ramas se utiliza el espiralado de las mismas. A veces, por ejemplo, para bajar una rama y darle apariencia más pesada y añosa, es mucho mas simple la colocacion de tensores; y por otra parte simples separadores hechos con madera o alambre se pueden utilizar para separar 2 ramas.(Ver fotos)



El alambrado propiamente dicho (espiralado), se realiza utilizando alambre de aluminio el cual se enrolla de abajo hacia arriba en la rama a torcer, previo anclado en el tronco dándole vueltas en un ángulo de 45° . También es posible alambrar dos ramas con un mismo trozo de alambre.
Se utilizarán diferentes diámetros de acuerdo al grosor de la rama a alambrar. Por ejemplo si la rama tiene 5 mm de grosor funcionara bien un alambre de 2mm.
Para el alambrado del tronco, el alambre se ancla en el fondo del cuenco y desde la base misma de éste se comienza el espiralado. El alambre en todos los casos debe quedar tocándose con la corteza pero no presionándola.
La mejor época para alambrar las caducifolias es antes de que broten, las latifoliadas en primavera y las coníferas en primavera y hasta mediados de verano, aunque es posible también hacerlo en otoño.
El tiempo que dejaremos el alambre dependerá del crecimiento y engrose del tronco o rama alambrada, lo importante es que el alambre no se incruste en la corteza y dañe el árbol, (además esas marcas después son imposibles de disimular).



CONSEJOS ADICIONALES SOBRE ALAMBRADO

Después de alambrar, hay que regarlo, pulverizar sus hojas (si las tiene)con agua, y protejerlo del sol por unos días. O sea los mismos cuidados que recibe un árbol recién transplantado.
Este método hace que nuestro árbol se vea feo durante el tiempo que está alambrado, pero es casi inevitable, en las coníferas sobre todo. Para disimular el alambre de aluminio, se puede forrar con cinta verde de floristería antes de usarlo.

CONSEJOS ADICIONALES SOBRE ALAMBRADO

ESTÍLOS

[img]http://i55.servimg.com/u/f55/18/69/43/48/bonsai10.gif[/img

Con relación a las formas de los árboles y a los estílos que se utilizan normalmente les puedo decir que hay 5 o 6 fundamentales (los más vistos); el vertical formal, vertical informal, inclinado, semi cascada y cascada y escoba.
Existen otros estílos pero son menos usuales que los anteriores o complementarios de los mismos.
De todas formas, lo importante es que el árbol tenga líneas puras, y el conjunto ÁRBOL CUENCO armonía.
Sobre la estética del Bonsái se han escrito decenas de libros, muchos con un sentido filosófico oriental, y otros con un sentido práctico occidental.

Vertical Formal Tronco vertical que se va afinando hacia el ápice con ramas alternas a ambos lados y cuya distancia entre sí se hace menor a medida que se aproximan a éste.


Vertical Informal
El tronco es zigzagueante con suaves curvas que van suavizándose aún más al aproximarse al ápice.
Las ramas salen de los codos.



Inclinado
La línea del tronco forma un ángulo marcado con la vertical imaginaria que pasa por el centro.
Ramas a ambos lados del mismo.



Cascada y Semi cascada
Cascada: Tronco desarrollado hacia abajo y ramas que "caen".
Semi-cascada: El tronco se desarrolla a la altura del borde de la maceta.



Escoba
Tronco vertical con ramas salientes desde un mismo punto en forma de escoba invertida.



Raíz sobre piedra
Una roca sirve de contenedor de las raíces del árbol y se presenta como un paisaje montañoso.
En otra versión las raíces envuelven a la roca y sus extremos se alojan en el cuenco que contiene el conjunto.



Bosques/Paisajes
Árboles de una misma especie y distintas edades y tamaños se combinan para ofrecer la imagen de un bosquecito.



Con todos estos procedimientos tendremos garantizado que el árbol viva por muchos años.
Ahora veamos como lograr que sea lindo además
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El bonsái y sus técnicas de cultivo

Mensaje  Mega.jardin el Lun Ene 20, 2014 12:24 am

Para cultivar de forma apropiada uno de estos árboles en miniatura hay que conocer algunas sencillas técnicas. Llevarlas a cabo en el momento preciso y de la forma adecuada permitirá que el bonsái tenga una larga vida. El trasplante, el riego y el abonado, son las operaciones que contribuyen al buen mantenimiento de esta especie vegetal.
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Cómo transplantar un bonsái

Mensaje  Mega.jardin el Lun Ene 20, 2014 12:25 am

El trasplante es imprescindible para fomentar la buena salud del árbol. Se trata de una tarea muy útil porque, con el transcurso del tiempo, es preciso renovar la tierra en la que crece. Esto se debe a que los componentes nutritivos se agotan y las raíces se desarrollan en exceso.

Un trasplante se realiza con una periodicidad de 2 a 4 años, dependiendo de la fase en la que se encuentre el bonsái. Cuando se halla en etapa de crecimiento, basta con dejar pasar un año. Si está en etapa de madurez, es suficiente con trasplantarlo cada 3 ó 5 años. Se suele llevar a cabo en la primavera, sobre el mes de marzo.

Esta técnica consiste en eliminar una tercera parte de las raíces y en sustituir el sustrato por uno nuevo. Es muy importante que el tiesto tenga algún orificio que permita el drenaje.

Cuando se haya realizado el trasplante, el bonsái requerirá unos cuidados especiales, ya que sus raíces habrán sufrido. Por ejemplo, se ha de mantener alejado de las corrientes de aire y de la luz directa en las próximas tres semanas. El siguiente riego se hará cuando se empiece a secar la superficie del sustrato y no se tiene que abonar o fertilizar durante este tiempo.

El transplante:

El trasplante de un bonsai, o de cualquier planta en general, suele tener dos motivos básicos: por estética o por salud.
Por cuestiones estéticas puede resultar conveniente el cambio de la maceta, ya que ésta se ha quedado algo pequeña, se ha reformado el árbol y resulta más atractivo otro estilo de maceta, o simplemente se desea cambiar la posición de la planta. En cualquier caso por buenas que sean las razones estéticas que avalen un trasplante, deben quedar completamente subordinadas a la salud de la planta.

Introducción: ¿Por qué trasplantar?

El trasplante de un bonsai, o de cualquier planta en general, suele tener dos motivos básicos: por estética o por salud.
Por cuestiones estéticas puede resultar conveniente el cambio de la maceta, ya que ésta se ha quedado algo pequeña, se ha reformado el árbol y resulta más atractivo otro estilo de maceta, o simplemente se desea cambiar la posición de la planta. En cualquier caso por buenas que sean las razones estéticas que avalen un trasplante, deben quedar completamente subordinadas a la salud de la planta.

Uno se puede preguntar por qué resulta necesario el trasplante cuando en la naturaleza éste no se produce. La respuesta se encuentra en la diferencia del medio en que viven unas y otras plantas.
Una planta como cualquier ser vivo genera residuos propios de su actividad biológica, una parte de ellos se expulsan en forma gaseosa pero el resto se excreta a través de las raíces hacia el suelo que las rodea. En plena naturaleza cuando con el paso del tiempo estos residuos se van acumulando hasta el punto en que el suelo se vuelve algo tóxico, la planta simplemente extiende sus raíces mas allá a la búsqueda de sustratos limpios.
Hay que tener en cuenta que una raíz no deja de ser una simple conducción de agua y sales, una tubería, en su mayor parte: Sólo unos pocos milímetros finales en las raíces más finas son activos y capaces de intercambiar elementos. El resto es una mera conducción con la función secundaria de anclar la planta a la tierra.
De esta forma las raíces van creciendo con el paso de los años hasta un punto en que la planta ya no puede extenderlas más sin que dejen de ser capaces de trasladar el agua recogida hacia el cuerpo principal. Usando una analogía sería una situación parecida (aunque en sentido inverso) a una bomba eléctrica de agua que ha de alimentar desde un pozo a una red cada vez mayor de conducciones, al final simplemente no puede mantener al caudal.
La gran ventaja de la planta situada en plena naturaleza es que para cuando se llega a este punto de máxima extensión de las raíces, las lluvias de varios años se han encargado de ir limpiando el suelo más cercano al tronco de modo que vuelve a ser utilizable. Así que sencillamente descarta sus raíces más largas y emite otras mucho menores.
Se ha completado un ciclo que en maceta, por cuestiones obvias, no es posible. En una maceta las raíces disponen de un espacio limitado para desarrollarse, por lo que los residuos se acumulan siempre en el mismo sitio y allí permanecen hasta que se cambia el sustrato.

Además de estos residuos generados por la propia planta, no debemos olvidar que en la maceta también se va acumulando el exceso de sales disueltas en el agua de riego ( si su contenido en sales es demasiado elevado es fácil de detectar pues el manto de musgo que pudiera rodear al bonsai se deteriora rápidamente llegando incluso a quedar cubierto por una fina costra blanquecina; un musgo sano es indicativo de una buena calidad en el agua empleada para regar los bonsais). Incluso el abono resulta a la larga un factor contaminante del suelo; ya sea orgánico o inorgánico, deja residuos no aprovechables que incrementan el contenido salino de la tierra.

Si la tierra de una maceta no se renovara periódicamente, la presencia de sales minerales iría aumentando progresivamente hasta hacer imposible el proceso de osmosis por el que la planta toma el agua. Mediante este proceso de osmosis, el agua se filtra a través de las paredes celulares desde un suelo con bajo contenido en sales minerales hasta el interior de las raíces con un contenido mucho mayor, tratando de igualar densidades. Si la cantidad de sales disueltas es similar a ambos lados de la pared celular, el agua no circula. Se llega a una situación en que por mucho que se riegue la planta ésta acabará muriendo de sed.

Otro problema importante que nos encontramos en el cultivo en maceta es el desarrollo de las raíces. Dependiendo de la especie de árbol con la que se trabaje sus raíces pueden crecer dentro de la maceta hasta varios metros cada temporada, enrollándose en torno a la pared interior del tiesto. De todos esos metros los únicamente útiles son los escasos milímetros finales, el resto es un tubo que únicamente ocupa espacio vital dentro de las pequeñas macetas de bonsai dificultando el drenaje. En bonsai las raíces ni siquiera deben cumplir una función de anclaje propiamente dicha pues normalmente se ata el árbol al tiesto en cada transplante así que lo que realmente interesa es que nuestro bonsai desarrolle una abundante “cabellera” de raíces cortas y finas para mantener una buena salud: Con cada transplante a parte de cambiar el sustrato, total o parcialmente, se debe recortar el “pan de raíces”.

Finalmente, otro motivo que pudiera requerir de un trasplante es la calidad del sustrato. En demasiadas ocasiones tras adquirir un bonsai o pre-bonsai nos damos cuenta que en el comercio se le ha mantenido con una tierra poco apta para el cultivo, apelmazada y con un aspecto arcilloso poco prometedor que incluso puede que ni siquiera drene bien. En este caso es mejor cambiar esa tierra cuanto antes, pues en breve la salud del árbol se verá seriamente afectada.

¿Cuándo trasplantar?

Como norma general se debe trasplantar cuando aparezcan síntomas de daños en las raíces, brotaciones débiles, mal drenaje, etc. Pero es posible establecer una cierta periodicidad en función de la especie:

Árbol caducifolio joven Cada 1 ó 2 años
Árbol caducifolio viejo Cada 2 ó 3 años
Árbol perenne joven Cada 2 ó 3 años
Árbol perenne viejo Cada 3 ó 4 años
Conífera joven Cada 3 años aproximadamente
Conífera vieja Cada 4 ó 6 años

En realidad lo que esta tabla nos está indicando es que hay que trasplantar más a menudo cuanto más activo y vigoroso es el árbol: un árbol joven crece mucho más rápidamente que otro que haya alcanzado la madurez al igual que un caducifolio es más activo que por ejemplo una conífera y por tanto requerirán una mayor frecuencia de trasplantado.
Uno de los primeros síntomas que indican la necesidad de un trasplante es el mal drenaje del sustrato; el agua se encharca en la maceta y tarda demasiado en ser absorbida por el suelo. Esto suele ser una clara señal de que la maceta se encuentra repleta de raíces, o en su defecto de que la calidad de la tierra no es demasiado adecuada para un bonsai. En ambos casos es recomendable trasplantar cuanto antes.
Si tardamos demasiado en trasplantar un árbol, su pan de raíces se desarrollará en exceso, con lo que la capacidad de retener agua del sustrato disminuye notablemente y deberemos regar con mayor frecuencia. Si lo posponemos lo suficiente en ocasiones podemos ver como el árbol se va “levantando” de la maceta a causa del gran cúmulo de raíces que hay debajo.

La época ideal para trasplantar es la primavera del árbol, es decir aquel periodo en que las yemas comienzan a hincharse para brotar. Es un periodo que varía de especie en especie, casi de árbol a árbol. En este momento las raíces llevarán unas 2 ó 3 semanas de crecimiento tras la pausa invernal y las cicatrices cerrarán rápido. trasplantar en invierno tiene el inconveniente de que cualquier cicatriz tardará semanas o meses en cerrar con el peligro de infección que ello conlleva.

Puntos a tener en cuenta antes de trasplantar:

1- En un bonsai conviene que las raíces sean cortas, ya que únicamente los milímetros finales de cada una son activos; el resto es una mera conducción que ni tan siquiera ha de servir de sostén a la planta puesto que ésta suele estar atada al tiesto, como se verá más adelante. Cuanto más cortas y ramificadas sean las raíces, más eficientes serán, y menor será el esfuerzo de la planta para transportar el agua.

2- Se llama Nebari a la base del tronco, el punto en el que las raíces se unen a éste. Y Tachiagari a la zona del tronco que va desde el nebari hasta la primera rama.
En un bonsai ambas son zonas de gran interés tanto estético como de cultivo. Es allí donde la planta almacena buena parte de las reservas acumuladas para la siguiente brotación y por tanto son de las zonas del árbol que engordan con mayor rapidez. Estéticamente resulta más atractivo un tachiagari que adelgace uniformemente conforme se asciende por el tronco al igual que lo haría el tronco de un árbol maduro en la naturaleza. Un tronco de grosor uniforme en toda su longitud no suele trasmitir una sensación de edad, es más propio de plantas jóvenes.



Para conseguir un nebari de grosor y forma adecuado interesa tener 4 ó 5 raíces gruesas que nazcan a la misma altura y distribuidas uniformemente, ya que serán éstas las encargadas de ensanchar la base del tronco y proporcionarle la fuerza visual que debe tener.

Se debe evitar una mayor concentración de raíces en un solo lado, pues ello implicaría un desarrollo más intenso de las ramas de ese lado dificultando el equilibrio del conjunto. De igual modo una raíz excesivamente gruesa suele implicar la presencia de una rama igualmente grande en el mismo lado a la cual alimenta.

Es importante tener en cuenta que, si bien es el grosor de estas raíces el que acabará trasmitiéndonos la deseada sensación de árbol centenario a base de ensanchar el nebari para crear las contundentes bases que vemos en los viejos árboles de la naturaleza, de nuevo las especiales condiciones de cultivo de un bonsai hacen que una vez éstas desaparezcan bajo la superficie convenga que se subdividan en una miríada de raicillas finas que realmente son las que realizarán el trabajo de obtener nutrientes.



3- Una raíz viva suele tener color marrón, es resistente y con una punta blanquecina. Una raíz muerta es de color negro, blanda y muy frágil. Al trasplantar hay que estar atento y eliminar en lo posible las raíces muertas que podamos encontrar.

4- El tiesto debe tener dos o más agujeros de drenaje y no debe estar esmaltado en el interior. Los tiestos de plástico tampoco son muy adecuados ya que protegen muy poco a las raíces de los cambios de temperatura. El fondo del tiesto debe ser plano y se deben evitar aquellos tiestos hechos con molde en los que las patas se han formado como una protuberancia del fondo dejando un hueco por la parte interior. En este hueco se acumulará el agua y puede provocar podredumbre de raíces. Los agujeros de drenaje deberían quedar cubiertos con una rejilla de plástico o similar, de una apertura de unos 4mm (también se puede usar un pedazo curvo de cerámica procedente, por ejemplo, de otro tiesto roto). Esto es necesario para evitar que la tierra atasque los agujeros de drenaje.

Suelen emplearse un par de modos de sujetar la rejilla:



El método 1 se puede utilizar cuando la maceta dispone de dos o más agujeros de drenaje, mientras que el método 2 es necesario cuando la maceta tiene un único agujero de drenaje. Si la maceta tiene varios agujeros, los alambres con los que se atará el árbol pueden fijarse entre ellos, mientras que si únicamente dispone de un único agujero de drenaje, hemos de ingeniárnoslas de alguna forma para engancharlo, de ahí el segundo método.



5- En general, un árbol plantado sobre una losa de piedra vive mejor que en una maceta, aunque sólo sea por el simple hecho de que las raíces no se enmarañan como en el interior de un tiesto a base de dar vueltas en torno a las paredes. En una losa, cuando una raíz asoma por entre el musgo al exterior, deja de crecer y empieza a ramificarse. Como contrapartida, en una losa se evapora más agua y por lo tanto se necesita regar más a menudo.

6- Antes de trasplantar un árbol de vivero SIEMPRE hay que localizar el nebari primero, aunque tengamos que escarbar un poco en la superficie hasta llegar a él. Este nos dará una idea de la longitud de las raíces antes de recortarlas y evitaremos cortar demasiado por accidente.

Mezcla de tierras:

Para un bonsai la tierra debe cumplir una serie de funciones como pueden ser: sostener físicamente la planta, ser una fuente de oligoelementos (por ejemplo: hierro, magnesio, boro, manganeso, zinc, cobre, molibdeno, etc.) y proporcionar agua al mismo tiempo que permite la aireación de las raíces.
Debe ser el cuidador quien se encargue de proporcionar el abono en las dosis adecuadas a cada momento del año por lo que generalmente se usan sustratos bastante pobres y de grano grueso para facilitar el drenaje.

Como afirma el dicho popular, “cada maestrillo tiene su librillo”, y para el caso de las mezclas de tierra sucede lo mismo. Cada profesional o aficionado tendrá sus preferencias ajustadas a la propia experiencia, condiciones locales e incluso a cada especie de árbol. Como en casi todo lo referente al bonsai, tampoco hay una fórmula fija y por tanto podemos jugar sin muchos problemas con las mezclas, buscando suelos más o menos ácidos, más o menos porosos, o incluso no utilizar mezcla en absoluto y plantar por ejemplo en akadama pura y dura, hasta conseguir aquella solución que más nos satisfaga.

A pesar de todo, comúnmente suele usarse una tierra formada por una mezcla de tres elementos:

- Tierra volcánica: Facilita el drenaje
- Arcillas (Por ejemplo arena para gatos no perfumada): Retiene humedad y nutrientes orgánicos.
- Turba: Materia orgánica necesaria para que se desarrollen hongos y bacterias beneficiosos en el pan de raíces.

Las proporciones más adecuadas variarán según la especie de árbol que nos ocupe, pero una mezcla en partes iguales de volcánica, arcillas y turba (2/3 de materia inorgánica más 1/3 de materia orgánica) suele dar buen resultado en la mayoría de los casos.

Para lograr un secado uniforme de toda la tierra es conveniente colocarla en capas de distintos grosores; más gruesa hacia el fondo del tiesto y más fina en la superficie. Dependiendo del tamaño, profundidad, del tiesto se usarán entre 3 y 4 capas de distintos grosores.

El siguiente esquema ilustra una distribución típica en tres capas y los diferentes grosores de los granos que forman cada una:



El tamaño de cada capa, y número de estas, dependerá bastante de la profundidad del tiesto, pero la capa de plantado siempre ha de ser la más abundante mientras que la capa superior de decoración puede consistir únicamente unos pocos milímetros de tierra, o no existir en absoluto.

Granos con un diámetro de 1mm o menos se consideran simple polvo, y mejor no usarlos, ya que acabarían dificultando el drenaje.


Pasos a seguir en un trasplante:

1- Asegurarse de que se dispone de la tierra suficiente. ANTES de iniciar el proceso uno debe verificar que dispone de la cantidad necesaria de tierra para la nueva maceta, así como de que la mezcla es la adecuada. Las raíces son notablemente sensibles a la pérdida de humedad cuando quedan expuestas al aire libre, así que una vez se ha sacado el árbol de su maceta no es momento para meditar sobre el tipo de tierra que se va a usar, ni sobre el estilo de la nueva maceta. Esas tareas deben haberse llevado a cabo con antelación.

2- Preparar la nueva maceta. Colocar las rejillas protectoras de los agujeros de drenaje más los alambres de sujeción (dos como mínimo), tal y como se comentó en apartados anteriores. Seguidamente se coloca la capa de drenaje y se acumula un pequeño montoncito de tierra de la capa de plantado en la zona en que se va a colocar el árbol.



3- Para sacar el árbol de su antiguo tiesto, un método bastante seguro es agarrar la planta por el tronco mientras se golpea el borde del tiesto con la mano o con un martillo de goma si el tiesto es grande: si se hace con cuidado saldrá el pan de raíces al completo. No se deben usar cuchillos en lo posible, ya que existe el peligro de dañar las raíces, excepto en macetas con forma de marmita donde no suele quedar otro remedio. Nunca hay que forzar la salida tirando del tronco hacia arriba ya que es una forma segura de destrozar una buena cantidad de raíces.
IMPORTANTE: Hay que asegurarse antes de que se han cortado los antiguos alambres de sujeción que ataban el árbol. También es necesario cortar los alambres que sujetan la rejilla a los agujeros de drenaje ya que las raíces posiblemente se hayan enredado con ésta.

4- Una vez se ha sacado la planta de su tiesto se ha de retirar aproximadamente 2/3 de la tierra que rodea las raíces. Dejando este tercio de tierra cerca del tronco protegemos una parte de las raíces que no quedan expuestas al aire facilitando la recuperación de la planta. Con árboles de hoja perenne es importante dejar este margen de seguridad, pero si se trata de caducifolios y se trasplanta en primavera justo antes de brotar se puede dejar la raíz desnuda, de hecho incluso se lavan con agua las raíces.
Por supuesto todo esto dependerá de la buena salud del árbol.
Para retirar toda esta tierra conviene usar un bastoncillo afilado, una buena idea es usar uno de esos palillos de bambú que sirven en restaurantes chinos o japoneses. Cuanto más afilado se encuentre, con mayor facilidad se colará entre las raíces para desenmarañarlas y menos daños causará. El bambú es especialmente bueno para esta tarea ya que se trata de una madera blanda que se desgasta con facilidad causando aun menos daños si cabe que otras.

5- Una vez se ha sacado la tierra y se han desenmarañado las raíces se debe cortar aproximadamente la mitad de la longitud que quede al aire, sobre todo en la parte de abajo (interesa que crezcan hacia los lados) dejando una forma más o menos cóncava en el pan de raíces.



6- Respecto al tercio de tierra que conservamos, hay que tener en cuenta que se deberá ir cambiando poco a poco ya que con el tiempo se irá apelmazando y las raíces en su interior acabarán muriendo. Una forma sencilla de hacerlo es ir cortando secciones triangulares en esta zona, de forma que con cada transplante solo se renueve uno o dos de estos segmentos, dejando el resto de las raíces protegidas.



7- Se coloca el bonsai sobre el montículo de tierra preparado anteriormente en la nueva maceta de forma que no queden huecos bajo el árbol. Se utilizan los alambres de sujeción previamente colocados para fijar la planta en la posición deseada y se rellena el tiesto con tierra.



Hay asegurarse de que los alambres que sujetan la planta queden tensos para evitar que esta se mueva pero vigilando no dañar las raíces al apretarlos.

8- Es de vital importancia que no queden huecos ni burbujas de aire entre las raíces, así que con el mismo palillo de antes vamos pinchando la tierra para que ésta se deslice entre las raíces rellenando todos los huecos. Seguramente deberemos añadir más tierra a la maceta para acabar de completarla.

9- Finalmente, se presiona ligeramente el suelo con una espátula para acabar de compactarlo y aplanarlo.

10- Por cuestiones estéticas puede sembrase musgo, o trasplantarse de la maceta anterior si se ha conservado. De cualquier forma, un correcto cuidado del bonsai provoca que en no demasiado tiempo brote una nueva capa.

11- Tras el trasplante es necesario regar a fondo de inmediato para que el nuevo suelo no reseque las raíces.





Última edición por Damita el Lun Ene 20, 2014 12:51 am, editado 2 veces
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El riego

Mensaje  Mega.jardin el Lun Ene 20, 2014 12:27 am

El riego es uno de los trabajos más relevantes en el cultivo de un bonsái. La mayor parte de los fracasos a la hora de cuidar uno de estos árboles derivan de un exceso de agua que origina que las raíces se pudran. Hay que comenzar a proveer de agua a la planta cuando se observe que las primeras capas de la tierra están secas. Así, de echará abundante líquido, hasta que salga por los agujeros de la base de la maceta.


Resulta perfecto regar usando agua reposada, es decir, contenida en un recipiente durante 24 horas para que se evapore el cloro y esté a temperatura ambiente. Muy beneficioso es el pulverizado como complemento del riego.


Lo mejor es utilizar agua, pura y simplemente agua. Y ahí radica la dificultad del asunto: encontrar agua que sea sólo eso, agua. Todo el agua que nos rodea contiene una cierta cantidad de sales y demás elementos disueltos que algunos, y en determinadas concentraciones, son beneficiosos para la planta pero la mayoría no.
Interesa utilizar aguas con un contenido en sustancias disueltas lo más bajo posible idealmente cero, aunque esto nunca se de, ni tan siquiera en el agua destilada como ya veremos.
¿Por qué utilizar este tipo de aguas? Pues sencillamente por las especiales condiciones en viven los bonsais. En primer lugar un bonsai debe crecer en el espacio bastante limitado de la maceta y en segundo lugar los procesos naturales que ayudan a renovar / limpiar el suelo en plena naturaleza en la maceta no tienen lugar. En la maceta el exceso de sales y desechos se acumula hasta que uno cambia la tierra, por este motivo se debe evitar en lo posible precisamente que lleguen a acumularse. Se trata de un principio válido para cualquier tipo de planta que viva en una maceta, pero sobretodo para aquellas como los bonsais que vivan en macetas particularmente pequeñas.

En resumidas cuentas: cuanto menor sea el contenido en sales disueltas del agua menor será la cantidad que quede como residuo en el sustrato, y puesto que a fin de cuentas los elementos nutritivos que necesita el árbol ya se los proporcionamos con el abono tampoco resulta de vital importancia que el agua contenga “nutrientes”. Hay que tener siempre en mente que cualquier planta en una maceta vive en un ambiente totalmente controlado con las ventajas e inconvenientes que ello conlleva.

Una forma de conocer el contenido en sales del agua utilizada es midiendo la conductividad de ésta. A mayor conductividad mayor contenido en sales y por lo tanto peor es el agua. Existen aparatos portátiles del tamaño de un bolígrafo un tanto rechoncho que nos proporcionan una lectura sobre la conductividad bastante precisa por el simple método de sumergir un extremo en un recipiente con agua y esperar unos segundos. Las lecturas suelen venir en la unidad Partes Por Millón (ppm).
Como referencia se podría decir que una conductividad de alrededor de 100ppm o menos indica un agua realmente buena para regar, sobre las 150ppm el agua es buena, entre 150 y 200ppm el agua empieza a ser regular y por encima de 250ppm mejor no utilizarla. Podemos hacernos una idea de la calidad del agua corriente que tenemos en muchas de nuestras ciudades con solo decir que conductividades de hasta 2500ppm no son nada raras.
Otra forma de saber si el agua empleada es aceptable consiste en fijarse en la propia planta. Si el agua no es la adecuada el árbol enseguida dará muestras de debilidad; las hojas amarillearán y se caerán. Pero mucho antes de eso surgirán otros síntomas: El primero es la presencia de musgo. Un musgo verde y sano es un claro indicativo de una buena calidad del agua, si éste amarillea, adquiere textura acartonada o aparece recubierto por una costra blanquecina sabremos que el agua no es buena y que seguramente acabará afectando al árbol. Otro síntoma de un exceso de sales aparecerá en la propia maceta que acabará con los bordes recubiertos de esa misma costra blanquecina (que no es otra cosa que un depósito de sales minerales) e incluso las patas si somos lo suficientemente descuidados como para permitir que el agua forme un charquito semi permanente bajo la maceta.


Última edición por Damita el Lun Ene 20, 2014 12:37 am, editado 1 vez
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Abonado

Mensaje  Mega.jardin el Lun Ene 20, 2014 12:28 am

El bonsái encuentra los componentes nutritivos en el suelo. Al desarrollarse en un espacio muy reducido, es necesario fertilizar el sustrato periódicamente para evitar las posibles carencias de nutrientes. Para que la planta pueda completar su proceso vital necesita tres componentes básicos o macroelementos: nitrógeno, fósforo y potasio. El primero, acelera el crecimiento y aumenta la producción de semillas, hojas y frutos. El fósforo prepara a la planta para resistir condiciones adversas. Y el potasio aumenta la resistencia frente a las enfermedades. Otros que también precisa en menor cantidad son el magnesio, el azufre, el calcio, el hierro, el cobre, el cinc, el cloro, el boro y el manganeso.

La tierra especial para el cultivo de bonsáis tiene elementos secundarios en cantidad suficiente, pero sí que requiere un aporte extra de macroelementos. Los abonos más recomendables son los complejos 5N- 10P- 10K o 2N- 10P- 10K.

Algunos consejos a seguir son, no fertilizar en verano o invierno y reducir la dosis de nitrógeno que se aplica a una planta con follaje exuberante. Además, los bonsáis de hoja caduca se abonan después de que hayan aparecido los nuevos brotes. Las de hoja perenne, dos veces al mes y las de flores y frutos antes de que estos se marchiten.

EL ABONADO

Un primer punto a tener en cuenta es que el abono no es el alimento de la planta propiamente dicho; el abono no es más que el conjunto de materiales necesarios para la elaboración de éste. De hecho no es más que un 10% del total, el otro 90% se obtiene directamente del aire. Serán las hojas las encargadas de transformar dichos materiales en algo aprovechable por la totalidad de la planta; la savia elaborada. No es que sea necesario para el aficionado conocer con exactitud los procesos químicos que tienen lugar en la hoja, pero sí debería tener claro que de nada sirve el abono si la hoja no puede realizar su trabajo. Esto quiere decir que una planta enferma que ha perdido la mayor parte de sus hojas será incapaz de aprovecharlo, por más abono que se añada, ya que sencillamente carece de las “factorías” encargadas de su proceso. De igual forma es inútil tratar de fortalecer una planta débil por falta de luz a base de añadir abono pues sin luz la clorofila de las hojas no puede funcionar.

En resumidas cuentas, lo que hay que tener claro es que ese primer impulso de abonar una planta aparentemente enferma o débil como receta mágica para sanarla no siempre es buena idea. Es más, incluso puede llegar a ser contraproducente, ya que al no poder ser aprovechados los elementos que forman el abono se van acumulando en el sustrato. La planta primero ha de haber desarrollado hojas por si misma antes de pensar en el abono.

Elementos del abono

El abono de una planta debe estar formado por sales minerales solubles en agua, ya que éstas son las únicas asimilables a través de las raíces. Según las cantidades consumidas por la planta, los diferentes elementos se dividen en dos grupos: Microelementos y Macroelementos.

Los Microelementos no son necesarios en grandes cantidades, pero su falta puede llegar a causar problemas a la larga. Algunos de estos elementos son: hierro, cinc, calcio, magnesio, azufre, manganeso, molibdeno, boro, cloro, cobre, etc.

Los Macroelementos son un grupo formado por aquellas sustancias que la planta consume en grandes cantidades, y que por tanto su carencia resulta evidente mucho antes. Son el nitrógeno (N), el fósforo (P) y el potasio (K).

El nitrógeno favorece un rápido crecimiento en la planta, una mayor producción de flores o frutos y el desarrollo de unas hojas más grandes y verdes. Una de las diferencias entre los compuestos usados como abono en jardinería convencional y en bonsái es precisamente el porcentaje de nitrógeno presente: en el primer caso interesa obtener grandes y brillantes hojas verdes que atraigan al potencial cliente por su aspecto, por lo que el contenido de nitrógeno es muy elevado (cosa que en ocasiones acaba matando a la planta a las pocas semanas de haberla adquirido, pero claro la tienda ya ha realizado la venta); en el caso de un bonsái hay que controlar el tamaño de las hojas para mantener una cierta proporción en el árbol, así que se reduce el nivel de nitrógeno.
El fósforo interviene en gran cantidad de procesos vitales de la planta aumentando su resistencia en general. El potasio, entre otras cosas, interviene en los procesos de transformación del nitrógeno y al igual que el fósforo acelera los procesos de floración y fructificación.

Tipos de abono

En centros de jardinería se pueden encontrar dos categorías principales de abonos. Los abonos orgánicos y los abonos inorgánicos.

Los abonos de tipo inorgánico son un mezcla más o menos compleja de compuestos químicos diseñada para proporcionar a la planta aquellos nutrientes que precisa, pero a pesar de ser perfectamente aptos no son los más adecuados para un bonsái, o para cualquier plantan en una maceta ya puestos. Su gran problema radica en que lo que muestra la composición del producto es lo que hay, esto es: si abonamos con un compuesto de nitrógeno, potasio, fósforo, hierro y cinc, por ejemplo, la planta acabará desarrollando carencias del resto de elementos necesarios. Por ello antes de elegir un producto es necesario repasar su composición y asegurarse de que aporta la mayor cantidad posible de sustancias.
En bonsái, como ya se ha comentado, se suelen usar mezclas pobres en nitrógeno por lo que unas proporciones adecuadas para los tres elementos principales podrían ser 5-10-10, o incluso 2-10-10, donde la primera cifra hace referencia a la proporción de nitrógeno, la segunda a la de fósforo y la última a la de potasio.
Estos abonos químicos los podemos encontrar en dos formatos: Sólido o líquido. Los de tipo sólido suelen ser de liberación más lenta actuando durante un periodo de tiempo más o menos largo según el producto, mientras que los de tipo líquido son de absorción casi inmediata. Y es con estos últimos que debemos ser muy cuidadosos respetando las dosis marcadas por el fabricante pues la planta no suele limitarse a tomar la cantidad de elementos que precisa, por ejemplo nitrógeno, sino que tiende a absorber todo lo que puede encontrar. Si las cantidades son excesivas en una misma dosis la planta simplemente se muere.

Los abonos orgánicos por el contrario no presentan este problema pues al ser mezclas de diferentes tipos de materias orgánicas primero necesitan ser descompuestos por microorganismos antes de poder ser asimilados. Las grandes ventajas de los orgánicos frente a los químicos son: por un lado, esta lentitud en la asimilación que hace que sea casi imposible matar a la planta por sobredosis (hay que tener en cuenta que el abono orgánico necesitará unas dos semanas tras haber sido colocado para empezar a ser asimilable por las raíces, y no terminará su descomposición en otras tres o cuatro), por otro favorece el desarrollo de bacterias y hongos beneficiosos para la planta (algo casi imposible en suelos estériles cargados de abonos químicos) y finalmente la cantidad de elementos que proporciona es mucho más variada que un abono inorgánico dificultando que la planta desarrolle carencias. En este sentido actúan como correctores del suelo aportando aquellos elementos que los abonos químicos no contienen en su composición.

En general se suele recomendar no utilizar abonos inorgánicos, pero también es cierto que son más cómodos y fáciles de obtener que los de tipo orgánico (pese a que estos son comunes en tiendas especializadas). En cualquier caso una buena medida si se va a utilizar un abono químico es alternarlo de tanto en tanto con otros de origen orgánico.


Última edición por Damita el Lun Ene 20, 2014 12:53 am, editado 1 vez
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Alambrado

Mensaje  Mega.jardin el Lun Ene 20, 2014 12:29 am

Es una de las técnicas de entrenamiento para dar forma a nuestro bonsái, pudiendo corregir los defectos del tronco o las ramas, básicamente lo que se hace es rodear la rama o tronco con alambre adecuado para modificar la posición o forma de la parte del bonsái a tratar, este alambre estará puesto sobre nuestro bonsái todo el tiempo que queramos sin que el mismo se empieze a dañar o quedar atrapado por el crecimiento de la rama o tronco alambrado.

Para quitar el alambrado podemos o cortarlo con una tenacilla apropiada o soltarlo con mucho cuidado para no estropear nuestro bonsái

Siempre que procedamos a efectuar el alambrado en un bonsái tendremos que tener cuidado de no arañar ninguna de sus partes, los de hoja caduca su corteza es más sensible a la técnica del alambrado, por lo que en algunas ocasiones protegeremos esta con cinta para después alambrar sobre la misma.
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Técnicas de envejecimiento

Mensaje  Mega.jardin el Lun Ene 20, 2014 12:30 am

La vejez es uno de los atributos más apreciados de un bonsái. Las técnicas del 'Jin' y en 'Shari' contribuyen a aumentar esta apariencia.

Un 'Jin' es una zona de madera muerta en la extremidad del tronco o de las ramas. Un 'Shari' es un área de madera muerta en cualquier parte de árbol.

Para crear un 'Jin' se eligen ramas que se deben eliminar. Después, se deja la madera al descubierto, sacando la corteza. Para acelerar este proceso, se limpia la madera al descubierto con una mezcla de azufre y cal al 50%. Hay que poner cuidado en no dañar las partes sanas del bonsái.
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Re: El arte de crear un bonsái.

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